Historia y psicoanálisis

Written by Cristina Bacchetta. Posted in homepage, Ideologico quotidiano

di Cristina Bacchetta

tratto da http://www.elsigma.com/historia-viva/historia-y-psicoanalisis/11570

La historia podría ser un lugar, una escritura donde leer, y de donde enterarnos qué determina nuestro presente. Pero, tanto en lo social, como en la historia de cualquier persona, no se trata de algo que está allí fijo, ni que ocurrió allá lejos y hace tiempo, sin que tenga nada que ver con lo que nos ocurre ahora, ese “pasado” es algo que se presenta en nuestra cotidianeidad permanentemente como síntoma. La historia “no pasa” cuando hay algo en lo que ha quedado retenida, coagulada, sin resolver. En nuestro contexto, decir que la historia “ya pasó” es el mensaje de una ideología de dominio y poder. Intento de abolir la reflexión, el pensamiento, la resignificación de los hechos”.
¿Es posible pensar los acontecimientos históricos de un pueblo, al modo en que pensamos la historización del sujeto en análisis? ¿Implicaría esto pensar un sujeto de la historia?, ¿lo social como sujeto? El psicoanálisis no es una cosmovisión, decía Freud, pero su método de abordaje, de lectura y muchos de sus conceptos han ido incidiendo y entramándose en otros paradigmas discursivos desde hace muchos años.
Comenzaré por la primera frase que disparó lo que luego sigue del texto. ”La mejor predicción del futuro es el pasado”. Es ésta una frase que recuerda el Dr. Zaffaroni,[1], citándola durante un reportaje, en una publicación del 2006. Plantea esta idea tomada desde el psicoanálisis, en relación a la Argentina y a lo que nos pasa a los argentinos, y lo que nos seguirá pasando, si no tenemos en cuenta la historia. Lo que históricamente se repite.
Mientras lo leía, conecté esto con el concepto del análisis como reescritura. Pensé que en ese sentido la historia podría ser un lugar, una escritura donde leer, y de donde enterarnos qué determina nuestro presente. Tanto en lo social, como en la historia de cualquier persona, no se trata de algo que está allí fijo, ni que ocurrió allá lejos y hace tiempo, sin que tenga nada que ver con lo que nos ocurre ahora, ese “pasado” es algo que se presenta en nuestra cotidianeidad permanentemente y también se presenta a través de síntomas. La historia “no pasa”, sobre todo cuando hay algo en lo que ha quedado retenida, coagulada, sin resolver. En nuestro contexto, decir que la historia “ya pasó” es el mensaje de una ideología de dominio y poder sobre lo que se revela o no, de parcialidad, de disgregación. Intento de abolir la reflexión, el pensamiento, la resignificación de los hechos.
Sin homologar el sujeto sociedad al sujeto que consulta, algo semejante nos ocurre en un análisis si tomamos el discurso como historia que se historiza.
Creo que el recordar, historizando, es una aptitud del ser humano, que se da como fenómeno de lo humano y que esta en la base, en el fundamento de la cultura.
En este texto Zaffaroni también dice que lo que se ha impuesto en Argentina es la cultura del enemigo. Cultura que sólo trata de hechos, “de facto”. ¿Es nuevamente la facticidad de lo subjetivo, la transformación del sujeto en cosa. La Cultura del poder? La democracia, sobre todo promueve el diálogo, además lo necesita. Se trata, nos dice, de que “el otro pase a ser un contrincante”, no “un enemigo”, no alguien a quien habría que destruir, “aniquilar”.
Hablar del análisis como reescritura remarca algo. Insiste en algo.
Cuando decimos reescritura, estamos tomando una cierta posición, suscribiendo una concepción de la cura psicoanalítica, y al mismo tiempo, de cómo pensar un sujeto.
Freud partió de un punto fundamental, que es el escuchar a sus pacientes, escuchar hasta en lo inefable, más la firme convicción de que la verdad estaba allí, en sus dichos, en sus síntomas, en sus lapsus. Los sacó del lugar de cosa en que eran puestos por un discurso médico.
Escuchar, construir, leer o conjeturar, intervenir para detener /relanzar la deriva, apuntar a que llegue el tiempo de concluir.
No era, ni es, corregir, imponer, ya que no se trata de un enemigo a quien eliminar, sino de un sujeto que pueda dar paso a su propia palabra, para el encuentro con alguna verdad, la suya. Verdad que lo confronta con la angustia, con sus fantasmas, pero que al mismo tiempo lo libera.
Freud nos mostró que el síntoma está articulado a una verdad, mostró otra cara del síntoma. Si hasta entonces se sostenía que la histérica mentía, simulaba, lo que Freud muestra es su reverso. El síntoma como representación de un conflicto, que expresa una verdad que el sujeto desconoce. Porta un saber que el sujeto no sabe y además no se sabe de quién es.
El dolor de estómago, la opresión en el pecho, la transpiración de las manos, ya no son solamente malestares de un cuerpo de la anatomía. Es otro cuerpo: el que habla, un cuerpo atravesado por el deseo, por el lenguaje.
La palabra, su sonido, el significante ese y no otro, lo disruptivo, lo que rompe el discurso, lo que lo atraviesa. Esto que a veces molesta tanto, como el equívoco, especie de interferencia de lo que queremos decir. Pero que si nos detenemos a escucharlo, o si tenemos la suerte que alguien nos escuche, aporta y revela un sentido que no nos atrevíamos a decir de otro modo que ese. Y esto es lo notable, las nimiedades, las tonterías, revelan algo hasta entonces inconsciente, reprimido.
Los otros días, un paciente en una sesión, volvía a relatar por cuarta o quinta vez en el curso de su análisis, un recuerdo infantil que daba cuenta de “la buena sexualidad entre sus padres”, pero esta vez se escuchó diciendo otra cosa, cuando decía: “al intentar abrir la puerta escuché la risa y las voces de mi madre y de mi…”, allí se detuvo y agregó: “en verdad me doy cuenta que no escuché la voz de mi padre, siempre creí eso, pero me acabo de dar cuenta que nunca la escuché” y también recordó, que ese día, no había visto a su padre en la casa, “pero tampoco a otro hombre” se apresuró a decir, negación necesaria, que confirma lo ya dicho. Recuerdo que encubre y muestra.
Evidentemente, cuando decimos reescritura, no pensamos en que el sujeto se ponga a “escribir” lo que dice, si es esperable que el analista escriba. De cuenta de su trabajo. Lo que el sujeto hace es escucharse, hasta donde esto sea posible y ante Otro/otro/”a”, Analista, en síntesis, en transferencia. Este escucharse en sus palabras, tiene el efecto de una reescritura, en la medida en que haya allí alguien que lo escuche, en el sentido de lo que nos sorprende, lo que el escrito nos devuelve de diferencia, como resignificación, es lo que la historia pueda dar cuenta de un presente, pero esta historia es construida desde un hoy. La historia rastreada desde la “diferencia”. En ese sentido ya no es posible acceder a un pasado perdido, pero si reconstruirlo desde un presente y dar cuenta de él, desde este presente.
Pero ¿cómo llegamos en una sociedad a algo de la verdad, si el discurso oficial sabemos que sólo la oculta?, tal vez como simple asociación, ¿podríamos relacionar, aunque se trate de campos diferentes, el “acontecimiento” de Foucault, las “grietas de la historia” de Benjamín[2], y la formaciones del inconsciente, tomados como fisuras del discurso, de Freud? ¿No son acaso momentos donde el Sujeto se presenta, donde hay sujeto? Un sujeto de otro orden que el de la conciencia. Un sujeto escindido, en-falta. Una idea, un acto, una imagen, expresados, concatenados en otro contexto que atraviesan inesperadamente, que no tienen nada que ver con la historia “consciente”, con la historia “oficial” comandada desde el poder de un Yo uno.
Freud habla de “reconstrucción de la historia” y de Construcciones en el análisis. No se trataba sólo y al mismo tiempo ni tanto, del recuerdo de lo ocurrido, de la “abreacción” de otros tiempos, sino de lo que el sujeto produce con ello y de la lectura y la construcción que el analista hace de esa producción, de la elaboración. Sueños, lapsus, mentiras, recuerdos encubridores, olvidos etc., fueron tomados por Freud como vías princeps del análisis. El saber lo tenía el paciente, estaba de ese lado, aunque no lo supiera, aunque no pudiera posicionarse allí como sujeto de sus “equívocos”.
Freud hablaba de un “criptograma”, Lacan nombra esto como “reescritura”[3].
De qué hablamos cuando hablamos de recuerdo, de recordar, justamente el modo del recuerdo es muy distinto al de la “historia oficial”, son los retazos de lo que se intenta dejar en la oscuridad, los flecos que se recortan de las grietas, lo que nos guía, lo que nos interesa. Marcas deshilvanadas, deshilachadas. Se trata de una temporalidad que no tiene que ver únicamente con los hechos cronológicos ordenados que coherentizan y obturan todo agujero. Es el recuerdo retroactivo, es la resignificación de lo acontecido lo que permite un cambio en el sujeto. Único modo de que el encuentro con una verdad pueda producirse. Y esto es lo que también pienso a nivel social. La historia de lo que nos viene “pasando” a los argentinos, la necesariedad de una “historización” de esa historia, el juicio sobre esa historia.
Al mismo tiempo un análisis no es sólo historización, hay un límite en ella. En este recordar encontramos que hay algo que se repite, hay algo que se torna imposible, que no cobra sentido, que las palabras no logran recubrir. Que es imposible recordar. ¿Historia de otro?, ¿deseo de muerte del Otro depositada sobre el propio sujeto? ¿El “algo” que han hecho de nosotros? [4] Real que lo marca, lo constituye y al mismo tiempo no le pertenece, a lo que se encuentra alienado. Está lo que no queremos recordar y está también lo que no podemos recordar y que habrá que construir, con todo el dolor que esto implique.
Es necesario olvidar el pasado para poder hacer un futuro, es verdad, es esto lo que también nos ocurre a los neuróticos, pero ¿cómo?. El pasado que no se olvida es aquel que no fue resuelto, aquel que no ha podido ser elaborado, que no ha sido apaciguado, y esto por generaciones. Nuevamente el encuentro entre lo social y el sujeto. Digamos, es aquel en el que la ley no funcionó, en el que aquellos que debían sostenerla no la sostuvieron. El intento de olvido por sofocamiento, ocultamiento, el obligarnos a olvidar, solo trae enfermedad a nivel del sujeto y también a nivel social, en forma de violencia, anomia. De este modo nunca seria posible un proyecto, porque no hay qué por-venir.
Al sujeto le interesa saber de su historia que desconoce, pero le interesa en función de su futuro[5]. Es decir, es necesario que pueda liberarse de lo que repite en su historia, para poder continuarla, pero para ello es necesario encontrarse con esa repetición, ubicarla, saber qué repite con lo que repite.
Si solo se tratara de la escritura de la historia, no acontecería este efecto de liberación, precisamente es este el efecto, porque lo que se produce en el curso de un análisis, es su re-escritura, el sujeto la vuelve a escribir, en la medida de dejar caer lo que de ella era imposible, esto lo libera.
La historia oficial en Argentina decía que el Golpe Militar del 76 había sido necesario para parar el ataque de la “subversión”, y que en todo caso en lo ocurrido después se trató de “excesos”, esto se ve rubricado por lo que eran las noticias en los periódicos de ese momento, solían “rezar”: “en enfrentamiento con elementos subversivos, resultaron muertos…”. Fueron los retazos de vivencias de la población lo que permitió mostrar otra historia, las denuncias primero acalladas, los pañuelos blancos de las madres girando alrededor de la Plaza de Mayo, lo que no cerraba en las filiaciones de los registros de algunos niños, etc., es cierto hubo un juicio, ya no era posible seguir “negando” lo que se manifestaba a gritos, pero con la escritura sola, no alcanza. Tenemos aún pendiente su resignificación y su reescritura.

Referencias
[1] El Dr. Zaffaroni es Juez de la Corte Suprema de la Nación y alguien a quien estimamos y respetamos profundamente. Sus palabras dispararon parte de lo que escribo, lo cual agradezco..
[2] La primera (“acontecimiento”-“grietas de la historia”) conexión la realiza P. Feinmann, dice “…algo similar pero al revés de la hendija que permitía al Mesías benjaminiano intervenir…” “Es un Afuera de la historia y desde él que la historia se explica.” en La Filosofía y el Barro de la Historia Clase 43 Ed. Pagina 12
[3] J. Lacan Seminario 1 Los Escritos Técnicos de Freud
[4] Prologo de Sartre a Los Condenados de la Tierra de Fanon, cit. por P. Feinmann o. citada.
[5] J. Lacan op. Citada.

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Cristina Bacchetta

Cristina Bacchetta

Maria Cristina Bacchetta, psicoanalista argentina è fondatore, nel 1981, di AEPA (Assistenza e Studi Psicoanalitici Argentini) e attualmente Vicepresidente, docente presso l’Università di Buenos Aires, direttore dei Corsi di Laurea Htal. Ameghino di Buenos Aires, supervisore e formatore. Ha pubblicato articoli su riviste come “Imago Agenda” edita da Letra Viva, “a_Verare”, “Coloquios de la clinica”, rivista clinica di AEPA, “El Sigma”, “Imago Ricerche”, “Costruzioni Psicoanalitiche”.
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